Nota 01 – Praga

by Septiembre 20, 2017

¿Por qué escribir sobre lo vivido en la “3rd Biennial Performance Philosophy Conference” en Praga después de dos meses, si no lo hice en ese momento?
Podría mencionar varios motivos con tal de no admitir mi falta de coraje por enfrentar este deber, como culpar a la pereza, al poco tiempo que dispongo para concentrarme en escribir, la confusión por tener que regresar al sistema después de haberme librado de ella por 7 semanas, y unos cuantos argumentos evasivos más que me llevaron a no escribir sobre ese asunto.
Aunque después de revisar todas mi notas sobre la bienal, prefiero quedarme con la sospecha de que quizás tenía que esperar a repensar las mismas ideas que me rondaban en ese momento pero en un contexto diferente.

Comenzaré por decir que el hecho de haber nacido en Lima y haber decidido vivir en Lima, tuvo como consecuencia en mi, la de estar configurado por defecto con la misma “paranoia cotidiana limeña” que el resto de mis vecinos, los cuales tienen esta configuración como si fuera una aplicación de acceso rápido. Pero recién pude percibir su uso cuando estuve en esta bienal en Praga.

Sabemos que toda ciudad sufre de una actitud aprendida, que se convierte en una interacción humana cotidiana que crea un sello reconocible de dicha ciudad. En el caso de Lima, es muy marcado ver a la gente a la defensiva, como si de esto dependiera su vida. Este estado de alerta a veces se sobredimensiona hasta el punto de creer que cualquier gesto, mirada, dicho o la mas mínima acción de otra persona tiene que ver con uno. Y es comprensible ya que sin este estado de alerta los demás arremeterían contra uno, así que no minimizaré esto. El problema llega cuando se convierte en paranoia, y lo que es peor aún creer que somos tan importantes para el resto que cualquier interacción humana va dirigido hacia nosotros. En fin, ya dedicaré más lineas en otro momento para hablar sobre este asunto. Por ahora explicaré el porqué hablar sobre este punto.

Cuando estuve por Europa en esas semanas de prospección, tuve la oportunidad de escuchar y ver propuestas parecidas a la de Estado de Encuentro, pero desde otra perspectiva, con otra praxis, y por consiguiente, apropiados para una interpretación y valoración en términos académicos. El conflicto estuvo cuando intenté explicar lo que hacemos. No era por el idioma, sino mas bien por el hecho de explicar lo que no intentamos explicar desde la práctica. Si bien a veces las palabras ayudan a redondear una idea, en nuestro caso la destruye. ¿Estado de Encuentro debería usar las palabras para explicar lo que hace?. Al hacerme esta pregunta noté que una parte de mi viaje era una paradoja. Estar en una bienal de performance y filosofía cuando lo nuestro no es ni uno ni otro, por lo menos no en términos académicos, era un conflicto para mi.
Entonces escribí algo como cuestionamiento a lo que estaba escuchando en plena bienal:

“Is it necessary to talk about what we do? Instead of doing it?
Maybe that’s why in State of Encounter don’t live the words
As human beings we always want to be right all the time.
And perhaps that is why our thoughts should not be important to manifest our actions. Because our interpretations of any action would stop our actions.”

En mi pobre inglés, esto era no sólo un duro cuestionamiento a lo que estaba viendo y escuchando de sus propuestas, sino también a lo que veía en nuestra práctica. Muchas veces en nuestro intento por no ser invisibles usábamos las estrategias que les funcionaban a otros colegas, pero lo que no nos dábamos cuenta es que estábamos contradiciendo a Estado de Encuentro con ello. En otro momento, profundizaré más sobre esto que escribí, el contexto en el que lo hice y lo que resultó de esto.
Lo que quiero resaltar ahora es que para mi era fácil cuestionar y encontrar las zonas sensibles en sus discursos artísticos donde podría provocar una herida, pero creo que eso era debido a la inercia de mi condición de limeño con ese estado de alerta que hablé lineas arriba. Llegué con la idea de no permitir que Estado de Encuentro sea invisible en ese contexto, pero estaba en un estado agresivo sin que hubiera alguien con el afán por invisibilizarnos. Me costó mucho el cambiar mi estado para poder interactuar, sin embargo pude saber lo beneficioso que también tiene esa configuración limeña. Recuerdo haber pensado durante la bienal que la crítica tibia o la complacencia es lo que nos hace daño a los artistas. Pero después reflexioné sobre ello, en estos días de regreso a Lima, y ahora pienso que no lo hacían apropósito y que quizás el haber estado a la defensiva en ese momento me sirvió para notar las zonas vulnerables que ellos no estaban viendo. Tal vez piensen que estoy teniendo una apreciación sobredimensionada de mi ego crítico, puede ser cierto y quizás lo que veía no era crítica tibia en ellos, sino que llevaban lentes oscuros que no les permitía ver a poca luz. No estoy seguro de ello pero de lo que si estoy seguro es que la complacencia es dañina en todo contexto.
Pero, ¿cómo diferenciar una crítica tibia de una complaciente?. Por ahora creo que esto no importa. Lo que importa es no perder el tiempo pensando si los demás son complacientes con nosotros, sino procurar no ser complacientes con nosotros mismos. Ser autocomplacientes es lo que nos hace daño a los artistas.

G.